Habían pasado unos pocos meses desde que asumió Alfonsín (cuya campaña electoral había seguido en la tele con tanta pasión como si fuera "Señorita Maestra" o "Burbujas"), cuando tuve con mi abuela el siguiente dialoguito:
YO: A mí me defraudó Alfonsín.
ABUELA (sorprendida): ¿Por qué?
YO: Porque yo pensaba que Alfonsín iba a abrir todas las cárceles y los desaparecidos iban a volver.
Plop, hizo mi abuela. Y se acordó de haber escuchado a Alfonsín hablar de la liberación de los presos políticos. Poco tiempo después, yo le explicaba a ella que mis papás estaban muertos, que no los esperara más, que tenían que estar muertos por la sencilla razón de que no venían a buscarme.
Antes de que esta ola amnésica nos tape, permítame el lector recordarle algunas cosas que Alfonsín no hizo por democracia ni por la justicia. La Conadep sólo recogió los testimonios de las víctimas, sin investigar nada por iniciativa propia. El Juicio a las Juntas nos quedó chico: no puedo festejar los cuatro años de prisión de Agosti, ni que no se considerara probado que los milicos se afanaban pibes como metodología represiva, entre otras perlitas. Se creó el Banco Nacional de Datos Genéticos donde mi familia dejó su muestra de sangre, pero a mi hermano lo tuve que encontrar yo, yo en persona, trabajando en Abuelas, no en el Estado. Cuando los milicos lo apretaron, Alfonsín nos desmovilizó con su ex célebre "Felices Pascuas". Me guardo, para no aburrir con obviedades, cualquier comentario sobre el Punto Final y la Obediencia Debida. Y para no herir la susceptibilidad de los deudos, no voy a mencionar otras cosas que quedan por fuera de su política de Derechos Humanos. Pero bueno, nada de esto importa ya, porque Alfonsín se está ganando post mortem la amnistía que nunca recibieron muchos presos políticos que siguieron en gayola (para usar un término caro a este blog) durante su gobierno.
miércoles, 1 de abril de 2009
Mi Alfonsín particular
martes, 31 de marzo de 2009
RA
No me cabe ninguna duda de que mi abuelo integra el Comité de Bienvenida al Dr. Raúl Ricardo Alfonsín en el Purgatorio.
No digan que no les avisé: muy pronto habrá plazas, calles y escuelas con su nombre, algún billete tendrá su imagen (alguno conmemorativo del Bicentenario desde ya, pero quizás algún billete común y corriente también), Chascomús será rebautizado "Alfonsín" y el Word te va a tirar "Alfonsín" como sinónimo de "democracia".
Muere un radical, nace un prócer.
Mi abuelo, de parabienes.
sábado, 7 de marzo de 2009
Sincretismo
(No sé por qué vienen apareciendo posts sobre política. Pero bueno, no sé por qué tengo este blog, así que no importa).
A pesar de ser radicales hasta la médula, a mis abuelos les cabía Evita. Cuando murió, fueron parte de la multitud que se acercó a despedirla. Y siempre me contaban que cuando nació mi papá, escribieron a la Fundación Eva Perón explicando que como mi abuelo era comerciante, necesitaban un teléfono para que mi abuela pudiera comunicarse con él si le pasaba algo al bebé; y que a los pocos meses les pusieron una línea. Sí, sí, la anécdota es incomprensible. Algo falla. Quizás mi memoria, o no entendí bien en su momento. O capaz que la anécdota es cualquiera, y listo.
Cuestión que adelante radicales todos unidos triunfaremos.
viernes, 6 de marzo de 2009
Otro radical no querido
"No hay nada que hacer, Don Perez".
Así le dijo Arturo Balbín a mi abuelo cuando fue a pedirle que hiciera algo por su hijo desaparecido.
Y agregó que "eran extremistas", o subversivos, o alguna otra palabra de moda.
Desde ese día, mi abuelo no lo quería mucho a Balbín.
miércoles, 25 de febrero de 2009
Para un radical, hay cosas mejores que otro radical
Mi abuelo lo bancaba tanto al Peludo (Hipólito Yrigoyen) como despreciaba al Pelado (Marcelo T. de Alvear).
martes, 11 de diciembre de 2007
El busto del Peludo
Mi abuelo tenía un busto de yeso de Hipólito Yrigoyen, o, como le decía él, del "Peludo".
Le faltaba un pedazo de oreja y la punta de la nariz.
Estaba guardado en lo más alto del placard.
Siempre me pregunté por qué no lo tiraban o no lo exhibían. Tenerlo pero así escondido me parecía un sinsentido.
Obviamente mi abuela lo revoleó a la mierda después que mi abuelo murió. Y ahí creí entender que era mi abuelo el que no lo quería tirar y mi abuela la que no lo quería exhibir. Y que lo más alto del placard era una zona de compromiso entre ellos. Uno de sus tantos "no man's land".
