Mi abuelo y yo practicábamos, en el living, el vals para mi fiesta de quince.
Él murió cuando yo tenía doce años.
Lo extrañé en mi fiesta de quince y lo extraño ahora que me caso.
A mi futuro dorima le costó mucho convencerme para que bailemos el vals. Y no será un vals, sino un valsecito.
jueves, 2 de diciembre de 2010
Valsecito
jueves, 4 de noviembre de 2010
Tal vez ya lo conté
Mi abuelo saludaba con un beso cuando salía a hacer un mandado y también al levantarse y al irse a dormir.
domingo, 29 de agosto de 2010
Yo también tengo algo que decir sobre Papel Prensa
Cada vez que aparecía en la tele Irma Roy, mis abuelos comentaban que había sido "la mujer de Papaleo". De "Papaleo" se decía que era peronista (y eso sólo, en esa casa de radicales, tenía una connotación negativa), que había estado preso y alguna cosa más, pero no pesaba tanto lo que se decía sobre él como lo que se callaba. Daban la impresión de hablar de un personaje oscuro y sospechoso. Nunca supe por qué. Pero hoy, al contar esta anécdota, dije que para mis abuelos "Papaleo era un tránsfuga".
domingo, 11 de julio de 2010
El cuerpo de Cristo
Antes de tirar pan a la basura, mi abuelo le daba un besito.
sábado, 15 de mayo de 2010
Otra turfística
Mi abuelo, está dicho, era muy burrero. Y supo tener en los '70 un restorán en Palermo, "El Carioca". En esa época, cuando tenía el restorán, corría un caballo que se llamaba también "El Carioca". Alguien le preguntó a mi abuelo si el caballo le pertenecía. Y mi abuelo, por joder, dijo que sí. Estuvo así un tiempo, fingiéndose dueño del pingo, que si mal no recuerdo no era la gran cosa, por lo que mi abuelo terminó por despegarse y confesar.
viernes, 23 de abril de 2010
Para verte mejor, pingo
El hijo de Águeda y Nico (amigos hijis) aparece en la terraza de su casa con unos binoculares negros casi tan grandes como su cabeza. Pregunto a qué abuelo pertenecían.
Acerté: al de Nico, que era burrero, como el mío.
ella
mi abuela
tiró los binoculares
o los regaló
o los vendió
yo no sé cuándo
ella no pregunta
(Notas para Calculadora, la segunda parte de Ábaco -malísimo el chiste, no sé cómo aguanté tanto tiempo sin escribirlo-).
lunes, 19 de abril de 2010
Pintusa
Mi abuelo andaba siempre de traje y corbata. Hasta los domingos. Pero por ahí un día, en verano, o una tarde pesada como hoy, le daba por la informalidad y se ponía una camisa de manga corta amarilla que llamaba "la americana", o una chomba azul.
martes, 9 de marzo de 2010
Blog testimonial
"¡Mariana, vení para acá, dejate de escorchar!"
Mi primo Gabriel, de Córdoba, imita igual a mi abuelo (con acento porteño) llamándome de una punta del patio a la otra, de la casa de unos tíos a la de los otros. Y se pregunta qué sería "escorchar".
Bien. Tengo testigos de que lo que cuenta este blog es la Verdat.
martes, 20 de octubre de 2009
El ojo ajeno
Mis abuelos se daban mucha manija criticando a Pinti por malhablado.
Mi abuelo podía putear a Dios y María Santísima y no pasaba nada.
viernes, 2 de octubre de 2009
Muñecas
Cuando mi abuelo vendía tarjetas de estacionamiento en la puerta de la Galería Belgrano, tenía la costumbre de hacer la vista gorda cuando paraba la camioneta de la juguetería. A cambio recibía generosas propinas y... ¡muñecas para mí!
Éstas son las muñecas que me regaló mi abuelo:
- Una bebota gigante, que casi me tenía que hacer upa ella a mí, a la que yo llamé Jorgelina.
- Una bebota algo más chica, que cuando le apretabas la panza daba besitos. Se llamaba Kissie, creo que porque lo decía la caja.
- Una Barbie Trenzas, con su trenzador.
- Una Barbie Cocktail, por lejos la más bella de todas las Barbies.
Mi baba me traía muñecos con ropas típicas de los lugares a los que viajaba, me compraba libros y me llevaba al Colón a ver la ópera para niños. Mi abuela Argentina no me regalaba nada. Mi abuelo, digo siempre, era el único que entendía que yo era una niña y me regalaba esas muñecas que sólo servían para jugar.
domingo, 27 de septiembre de 2009
La memoriosa (y un palo final para mi abuela Argentina totalmente fuera de lugar)
Ya no soy tan Funes como cuando trabajaba en cierta institución de derechos humanos y recordaba fecha probable de parto de TODOS los niños nacidos en cautiverio. Olvidarme de cosas me parece ahora un síntoma de salud. Sin embargo, creo recordar que la nueva lectora La Flaca Benelli, que fue conmigo al jardín de infantes y a otro grado de la misma primaria, es la niña que señalo con la flecha roja:
¿Será?
Por si la estaban pasando lindo en este blog, los despido con una auto-cita, a propósito de ésta y otras fotos similares.
abro el álbum de fotos
que me llevé de su casa
y allí estoy
con la misma alegría feroz
en la sonrisa del lobo
y superpuestas
las dos colitas
que parecen de otra persona
ella no me vio
no supo
no quiso
fue más fácil
decir
ella no recuerda nada
suponer
que no vi nada
cuando entraron a mi casa
y nos secuestraron
pensar
que soy feliz
porque me malcrían
porque no tengo que hacer mi cama
ni lavarme las bombachas
ni comer verdura si no quiero
ni pasarme el peine
porque duele
De Ábaco.
Creo que nunca voy a llenar teatros. Así no. Nunca.
viernes, 25 de septiembre de 2009
El helado
Lamento informar que, a pesar de que vivíamos a la vuelta de una mejores heladerías de Buenos Aires, mi abuelo no tomaba helado.
Mi abuela Argentina tomaba solamente la parte que sobresalía del vasito y me daba el resto a mí.
Mi abuela Rosa, mucho más golosa, se tomaba su heladero entero, y yo, malcriada y caradura, me enojaba.
Los heladeros son los mismos y a veces fantaseo con declararles mi amor eterno, pero nunca me animo. Ya lo saben, lectores: Heladería Gruta, Sucre entre Cabildo y Obligado, una de las pocas cosas que me siguen encantando del barrio de Belgrano. El recomendado de Perez: dulce de leche con banana. De nada.
miércoles, 2 de septiembre de 2009
La botellita del avión
Mi abuelo y mi baba, su consuegra, se caían bien. A su manera. A la extraña manera de caerse bien y demostrárselo que tenían ellos dos.
De parte de mi abuelo, estaban las invitaciones fuera de agenda. Mi baba me visitaba tres veces por semana cuando yo era muy chiquita, dos veces después. Mi abuelo cada tanto la invitaba a almorzar un domingo al mediodía. Mientras él estuvo "bien" (es un decir), salieron planes como un paseo en catamarán por el Tigre y hasta una semana de vacaciones en Chapadmalal. Cuando mi abuelo murió, nada de eso se repitió. Una de dos, o mi abuelo organizaba esas cosas o su presencia al menos frenaba el impulso de las dos abuelas contrincantes de arrancarse las mechas cual Mamachas del ring.
Mi baba sabía corresponderle. Cada vez que se iba de viaje (viajaba mucho, por laburo), pedía vino en el avión, se afanaba la botellita de 1/8 y se la traía de regalo a mi abuelo.
Es cierto que no era un pañuelo de seda del free shop ni un souvenir de la ciudad que había visitado, pero era algo. A mi abuela no le traía nada.
Mi abuela, celosa, tiraba indirectas del tipo "te trata de borracho", pero el viejo no picaba.
miércoles, 5 de agosto de 2009
Comida de enferma
Estoy en cama, con fuerte dolor de garganta y mi consabida febrícula, que nadie que mire el termómetro se puede tomar en serio pero que a mí me plancha espantosamente.
Para la hora de la cena, tengo un antojo. La comida que me hacía mi abuela cuando las anginas no me dejaban tragar. La llamábamos "La Incógnita". Era un plato de puré muy blando que en su interior escondía un huevo pasado por agua. Yo sabía que estaba ahí, pero siempre me hacía la sorprendida.
También los ravioles de ricota con manteca me suenan a comida de enferma. Y ahí entraría mi abuelo en la anécdota, porque por alguna razón él era siempre el encargado de ir a La Juvenil a comprar ravioles de ricota. No fideos, no ñoquis, no ravioles de verdura. Ravioles de ricota. Pero no quiero ravioles. Quiero la "Incógnita" que me hacía mi abuela y que debe hacer más de quince años que no como.
UPDATE: Hoy, jueves, ahora mismo, estoy en la cama cenando la "Incógnita" que mi dorima me preparó, para lo cual tuvo que superar su aversión al huevo y aprender a hacerlo pasado por agua como me gusta a mí (con la yema líquida para mezclar con el puré, mmmh...!) Gracias, amor.
lunes, 20 de julio de 2009
Locro
A mi abuelo le caían muy bien los padres de mi compañerito Juan Pablo porque eran correligionarios. Una noche fuimos a un locro radical en algún lugar al fondo de una larga calle, por la zona de la ESMA (yo no lo identificaba de esa manera en aquel entonces, ni me parecía un área radioactiva, como ahora), y estaba este matrimonio. Yo los recuerdo muy formales y correctos. Nos sentamos a la misma mesa, ellos, mis abuelos y yo. Yo me aburrí como un hongo y mi abuelo se agarró un pedo tremendo. Tanto que hubo que irse. Y los padres de Juan Pablo nos acompañaron. Volvíamos por esa calle eterna y oscura y mi abuelo puteaba sin parar, no recuerdo a quién o por qué. Y los padres de Juan Pablo, tan educados, él abogado, ahí con nosotros.
Durante años dije que no me gustaba el locro, comida que había probado por primera vez en este evento. Creo que lo que no me gustaba era el recuerdo.
sábado, 27 de junio de 2009
Confesión
Los tipos en calzoncillos largos me calientan.
Mi abuelo usaba calzoncillos largos todo el invierno.
Y evitemos el "si A entonces B", porque si lo pienso debería reconsiderar lo de dejar análisis y no quiero.
lunes, 22 de junio de 2009
Sobre las puteadas
Hace varios días que tenía ganas de escribir sobre esto.
Cuando yo digo que mi abuelo puteaba mucho, no sé si el lector se hace una clara idea de lo que eso significa. Mi abuelo podía mandarme a la reputa madre que me parió por pisarle un callito, decir "ya voy" más de tres veces y no ir nada, o por ponerme a llorar porque casi mato a un pez. Y jamás se me ocurrió que esa puteada hiciera referencia a mi vieja, a quien él había querido mucho y de quien sólo le escuché decir cosas buenas. Más me jodía que me dijera cosas como "marmota". Eso era personal, yo era la marmota, pero lo otro no tenía ninguna relación conmigo. Como cuando decía "me cago en Dios". Era una puteada lanzada al espacio, ahí donde estaba ese mítico Manolo que lo escuchaba. Pero ojo, eso no quita que gritara y se le saltaran los ojos y casi, casi le saliera espuma por la boca.
Cuando me enojo mal mal mal, me sale putear. Mandar a la mierda, cagarme en todo. Y nada de esto significa mucho para mí. Es solamente la verbalización de mi bronca y mi impotencia. Peor me parece decir de alguien que es "un cretino" o "una buscona".
Muy linda la explicación, pero cuando me enojo mal mal mal, del otro lado puede haber una persona que no tiene por qué saber ni comprender que para mí las palabrotas no son el peor insulto, que ni siquiera son insultos. Hace unos días me pasó algo de esto y tuve conciencia, por primera vez, de que eso de haberme criado en un hogar en el que un señor me mandaba a la mierda a cada rato y por nada, no era gratuito ni tan chistoso.
Y que ya instalada en mis treinta, no puedo seguir echándole la culpa a mi crianza por mis defectos.
martes, 26 de mayo de 2009
Más sobre la radio
La carcajada de Baba* Vignola es tan mi infancia, que no puedo dejar de contarlo acá, aunque parezca que estoy parasitando a Héctor Larrea.
(Si de casualidad el productor del programa "Una vuelta nacional" es lector, sepa que con mucho gusto iría al piso a hablar de mi abuelo).
miércoles, 20 de mayo de 2009
Directo
Cuando nos mudamos a Matienzo y Cabildo, lo que más contrarió a mi abuelo fue terminar tan lejos de cualquier parada del 64, colectivo que lo llevaba a Palermo.
lunes, 27 de abril de 2009
Cordones
Mi abuela me ponía las zapatillas, mi abuelo me enseñaba a atarme los cordones.
¿Explica este ejemplo los motivos de mi, por llamarla de algún modo, preferencia? Mi abuela no me dejaba hacer nada. Nada de nada. Si mi abuela viviera y me convidara hoy una taza de té, todavía le pondría ella en la cocina la cantidad de cucharadas de azúcar que le dictara su inspiración en el momento.
El nudo, el dedo en el medio, el moñito, me lo explicó mi abuelo. Eso sí, la pavada de que si uno tiene el cordón desatado, se lo pisa, se va al suelo y se mata del golpe, la abonaron entre los dos. Y todo el que camina conmigo lo sufre hasta el día de hoy, cuando freno porque al otro se le soltó el cordón y no arranco de nuevo hasta que no se lo ata.
