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jueves, 2 de diciembre de 2010

Valsecito

Mi abuelo y yo practicábamos, en el living, el vals para mi fiesta de quince.

Él murió cuando yo tenía doce años.

Lo extrañé en mi fiesta de quince y lo extraño ahora que me caso.

A mi futuro dorima le costó mucho convencerme para que bailemos el vals. Y no será un vals, sino un valsecito.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Otro mamífero

Mi abuelo (¿o mi abuela?) decía: "De las aves que vuelan me gustan el chancho", cuando escuchaba, él o ella, algún bolazo notorio.

Yo digo hoy: "De las aves que vuelan me gusta el chivo".

domingo, 21 de junio de 2009

Ineludible

No saben cuánto me gustaría poder escribir sobre otra cosa hoy, pero no. Odio el día del padre y me siento como la mierda cada año. No me resigno a que nunca, nunca, voy a tener a mi papá, a escuchar su voz, a saber cómo sería la disposición de sus arrugas y cómo iría encaneciendo. Hoy no hubiera podido pasar el día con otros padres con sus hijos, con otros hijos con sus padres. Me imaginé a Daniela, que tiene seis años, preguntándome por qué yo no lo pasaba con mi papá. Me imaginé respondiéndole que mi papá se murió y es mentira, no se murió, lo mataron. Pero no se le puede decir eso a una nena de seis años.

Más sobre esto mismo: acá y allá, en Montpellier.

jueves, 18 de junio de 2009

Domani

Con mi analista acuñamos la expresión "pensamiento anticipatorio" para referirnos a mi tendencia a pensar excesivamente en lo que pasará mañana. Esto tiene sus ventajas: puedo ser la reina de la logística. Y también sus desventajas, cuyo extremo han sido las relaciones de pareja en las que lo bueno estaba siempre por llegar.

En este momento de mi vida, trato de habitar más el aquí y ahora (no por nada escribo teatro). El exceso de planificación que en una época me caracterizaba, se me debe haber perdido en la mudanza, en el viaje o vaya uno a saber dónde.

Sin embargo, si algo importante está por suceder, sea bueno o malo, es en la anticipación donde alcanzo los picos de emoción.

Mañana, o domani, como diría mi abuelo, que no era tano pero al que igual se le pegaron estas palabritas, domani, decía, me dan el diploma que certifica mi calidad de Licenciada en Ciencia Política. Y juro. Porque después de cuatro años de trámites administrativos, no quería retirar el pelpa por ventanilla. Si mal no recuerdo, juro por la Patria. Había otras opciones, pero no me convencían. Varias con Dios, los Evangelios y todos los santos. Una que un lector desprevenido podría pensar que era mi elección segura: por la vigencia de la Constitución y los Derechos Humanos. Los DDHH me tienen hinchados los coquitos y la constitución, vamos, es una ley, aunque sea la más grosa de todas. Me sentiría demasiado alfonsinista piyándome por las instituciones. Lo siento por los deudos de Raúl Ricardo, que sé que hay varios que leen este blog. "Por mi honor" no estaba; se ve que los graduados de Sociales no tenemos tal cosa, o quizás el honor es concepto muy pequeñoburgués. Así que me incliné por la Patria. Al fin y al cabo, estudié esa carrera por mis viejos. Como muchos que los tienen vivos, por cierto. Necesitaba comprender los procesos históricos y políticos para poder pensar mi historia en esos términos, más impersonales, menos trágicos. Para poder pensar la política así, lejos del "fervor montonero" del que hablaba mi viejo en una carta suya que conservo. Siempre supe que era por esas razones. Por ellos.

Así que mañana juro por la Patria, por la de ellos, la que ellos quisieron, en nombre de la que murieron y quizás mataron también. Aunque ver escarapelas en la Semana de Mayo me haga correr un frío por la espalda, aunque el nacionalismo que brota en los mundiales de fútbol me dé miedo, aunque tenga ganas de vivir parte de mi tiempo en otro lugar porque este país y sus miserias me asfixian por momentos, juro por la Patria. Quizás me asfixia y me las quiero tomar porque me duele, aunque decir esto suene muy Sabato o muy Aguinis (otros dos no-amigos de la casa). Juro por la Patria porque entre una abstracción y otra, me quedo con ésta, que por lo menos me sabe familiar. Literalmente.

Tal vez mañana, cuando haya que decir "por la Patria", le agregue mentalmente un "socialista". O tal vez esté más preocupada porque se me bajan las medibachas (así decían mis abuelos, mientras las mamás cancheras decían "medias can-can") o porque me rasqué un ojo olvidándome de que me puse rímel, y nada de esto me importe demasiado. Por eso había que decirlo hoy. Porque en el pensamiento anticipatorio, eso que sucederá mañana, ya está sucediendo. Y mañana, mañana será otro día.