martes, 9 de marzo de 2010

Blog testimonial

"¡Mariana, vení para acá, dejate de escorchar!"

Mi primo Gabriel, de Córdoba, imita igual a mi abuelo (con acento porteño) llamándome de una punta del patio a la otra, de la casa de unos tíos a la de los otros. Y se pregunta qué sería "escorchar".

Bien. Tengo testigos de que lo que cuenta este blog es la Verdat.

viernes, 5 de marzo de 2010

Sin remedio

Mi abuelo, para la acidez, tomaba "Pesamar".

Es como el Pepsamar, pero indicado para los pacientes que aprobaron sólo hasta tercer grado.

viernes, 26 de febrero de 2010

El remate es malísimo

Hoy dije "tengo que ir al ñoba", usando la palabra "ñoba" por primera vez en años. ¿Será una señal de que este blog se está reactivando? ¿O re-activiando?

lunes, 28 de diciembre de 2009

Otro mamífero

Mi abuelo (¿o mi abuela?) decía: "De las aves que vuelan me gustan el chancho", cuando escuchaba, él o ella, algún bolazo notorio.

Yo digo hoy: "De las aves que vuelan me gusta el chivo".

lunes, 21 de diciembre de 2009

Ella también decía

Después de cuatro años de duelo, después de haber exorcizado todo lo peor de mi abuela Argentina en una obra de teatro, estoy dándole lugar en mis charlas cotidianas a las expresiones de ella. ¿Se convertirá este blog en "Decía mi abuela"?

martes, 20 de octubre de 2009

El ojo ajeno

Mis abuelos se daban mucha manija criticando a Pinti por malhablado.

Mi abuelo podía putear a Dios y María Santísima y no pasaba nada.

viernes, 9 de octubre de 2009

¿Hola?

¿Alguien me explica el origen y/o significado de esta alternativa al simple "hola" que usaban mis abuelos para saludarme?

"Hola, Manola, te traje una lola. Hola, mi amor, te traje un alfajor".

En realidad, uno decía primero "Hola, Manola, te traje una lola" y yo tenía que contestar "Hola, mi amor, te traje un alfajor".

¿Era una publicidad antigua? ¿Sería de radio? ¿Qué cosa era una lola, ya que no creo que fuera un pecho?

miércoles, 7 de octubre de 2009

Tarjeta de embarque

El señor José y yo nos vamos de viaje.

Pueden seguir nuestras aventuras en el blog Allá es distinto.

Pero no dejen de asomarse por aquí, que cuando me temo que se agotaron los dichos y anécdotas de mi abuelo, siempre aparece algo más.

sábado, 3 de octubre de 2009

Los hippies

A mi abuelo no le gustaba nada la feria artesanal que desembarcó a mediados de los '80 en la Plaza Belgrano.

Se refería a "los hippies" muy despectivamente (y, cosa rara en él, lo pronunciaba bien). Yo nunca había escuchado hablar antes de hippies. Mi abuelo era puro prejuicio y lugar común: me explicaba que eran sucios, vagos, etc.

Por mi parte, yo estaba enojada con la feria porque los fines de semana me reducía el circuito de la bici.

Después, cuando ya no vivía a media cuadra, comencé a amarla. Y es un romance que dura hasta hoy. Me parece que en ningún otro lugar encuentro cositas para mí y para regalar como en esa feria. ¡Vivan los hippies de Plaza Belgrano! Mañana voy por allá.

viernes, 2 de octubre de 2009

Muñecas

Cuando mi abuelo vendía tarjetas de estacionamiento en la puerta de la Galería Belgrano, tenía la costumbre de hacer la vista gorda cuando paraba la camioneta de la juguetería. A cambio recibía generosas propinas y... ¡muñecas para mí!

Éstas son las muñecas que me regaló mi abuelo:

- Una bebota gigante, que casi me tenía que hacer upa ella a mí, a la que yo llamé Jorgelina.

- Una bebota algo más chica, que cuando le apretabas la panza daba besitos. Se llamaba Kissie, creo que porque lo decía la caja.

- Una Barbie Trenzas, con su trenzador.

- Una Barbie Cocktail, por lejos la más bella de todas las Barbies.

Mi baba me traía muñecos con ropas típicas de los lugares a los que viajaba, me compraba libros y me llevaba al Colón a ver la ópera para niños. Mi abuela Argentina no me regalaba nada. Mi abuelo, digo siempre, era el único que entendía que yo era una niña y me regalaba esas muñecas que sólo servían para jugar.

martes, 29 de septiembre de 2009

Manos

"Manos de manteca", me decía mi abuelo cuando se me caía algo, lo que pasaba, y sigue pasando, con bastante frecuencia.

No era un chiste, no era cariñoso, me lo decía en serio y a mí me daba una bronca bárbara. Pero lo peor era cuando se enojaba de verdad (¿había roto algo? ¿había hecho mucho enchastre?) y me decía "manos de caca". Ahí me hacía llorar.

Y así pasaban nuestros días. Cuando no nos estábamos peleando, nos estábamos reconciliando.

domingo, 27 de septiembre de 2009

La memoriosa (y un palo final para mi abuela Argentina totalmente fuera de lugar)

Ya no soy tan Funes como cuando trabajaba en cierta institución de derechos humanos y recordaba fecha probable de parto de TODOS los niños nacidos en cautiverio. Olvidarme de cosas me parece ahora un síntoma de salud. Sin embargo, creo recordar que la nueva lectora La Flaca Benelli, que fue conmigo al jardín de infantes y a otro grado de la misma primaria, es la niña que señalo con la flecha roja:



¿Será?

Por si la estaban pasando lindo en este blog, los despido con una auto-cita, a propósito de ésta y otras fotos similares.

abro el álbum de fotos
que me llevé de su casa
y allí estoy
con la misma alegría feroz
en la sonrisa del lobo
y superpuestas
las dos colitas
que parecen de otra persona
ella no me vio
no supo
no quiso
fue más fácil
decir
ella no recuerda nada
suponer
que no vi nada
cuando entraron a mi casa
y nos secuestraron
pensar
que soy feliz
porque me malcrían
porque no tengo que hacer mi cama
ni lavarme las bombachas
ni comer verdura si no quiero
ni pasarme el peine
porque duele


De Ábaco.

Creo que nunca voy a llenar teatros. Así no. Nunca.