Cuando nos mudamos a Matienzo y Cabildo, lo que más contrarió a mi abuelo fue terminar tan lejos de cualquier parada del 64, colectivo que lo llevaba a Palermo.
miércoles, 20 de mayo de 2009
Directo
martes, 19 de mayo de 2009
Familia
Cuaderno de segundo grado.
La consigna del dibujo es "La familia en la ciudad. ¿Qué tareas hacen?"
Aquí vemos a mi abuelo vendiendo tarjetas de estacionamiento. No dibujé a nadie más.
(Entre paréntesis, el borratinta resiste muy mal el paso del tiempo).
sábado, 16 de mayo de 2009
Post post premio
Cuando me llamaron del Festival de Buenos Aires, descorchamos champán, nos encurdelamos*, comimos, charlamos a los gritos, nos reímos y hasta hicimos una entrevista para el nuevo proyecto editorial (qué misteriosa).
Estaba con mis fieles compañeros de aventuras Cata y Jose. Pero pasaron las horas y cada uno tenía otra cosa que hacer. Yo también, pero no tenía ganas de ir a depilarme. Así que me acosté con Manual de perdedores, a leer y cabecear con el libro abierto, uno de mis pasatiempos preferidos. Me tiré vestida sobre la cama hecha, así que agarré una mantita para taparme. Ésta.
Cuando me levanté, anduve largo rato por la casa como un fantasma o más bien un jefe indio, con mi manta rosada en los hombros. Estaba perdida, asustada, incrédula. Cada cinco minutos decía "Gané" pero no sonaba real.
Si lo mejor que tiene haber ganado ese premio es que es por Peaje, mi primera obra larga ajena al temita, ¿por qué siento que sigo dándole vueltas al temita todo el tiempo?
Asterico: Ah, sí, una palabrita del abuelo, para que nadie piense "¿y este post acá, qué onda?".
viernes, 15 de mayo de 2009
¡GANÉ!
Éste es mi blog, ¿o no? No es un blog-diario, pero de alguna manera sí. Porque no es casual que yo me acuerde un día cómo puteaba mi abuelo o por qué se decía en casa que él y yo éramos igual de chinchudos.
Es un blog temático y el tema es mi abuelo. Pero no tengo otro lugar donde gritarlo y quiero gritar porque estoy feliz y quiero que todo el mundo lo sepa:
¡GANÉ EL PREMIO "GERMÁN ROZENMACHER" DE NUEVA DRAMATURGIA POR PEAJE, QUE ES UNA COMEDIA Y CARECE DE PERSONAS DESAPARECIDAS!
Quisiera colgar un banner gigante que cruce todo el cielo.
Levanto mi copita de champán con ustedes también, lectores. Gracias por estar ahí. Aunque no comenten, los tengo del Google Analytics.
Ah, Peaje está viernes y sábados a las 22.30 en Pan y Arte, Boedo 878.
jueves, 14 de mayo de 2009
Sigo reportando desde el pasado pero menos chinchuda
Porque me doy cuenta de que también estoy diciendo muy seguido la palabra "chocha" en estos días.
miércoles, 13 de mayo de 2009
¡Auxilio!
Como si no me alcanzara con llevar este blog para retroceder en el túnel del tiempo lingüístico, estoy releyendo Manual de perdedores, de Juan Sasturain. Sentada en un bar de Boedo, tomando una cerveza y leyendo, me dio por escribirle a mi amigo Maivan, otro porteño de ley: "¡Qué broli!"
Cosas que le pasaban a la paciencia de mi abuelo
Mi abuelo no me amenazaba con que se le agotaba la paciencia. Mi abuelo decía "no me embromés la paciencia" (versión ATP) o "no me jodás la paciencia" (versión adultos, con mala palabra).
lunes, 11 de mayo de 2009
El adjetivo que faltaba
Y dijo M. sobre su hijo León: "se pone muy chinchudo".
Ya habían aparecido en este blog el concepto de "chinche" y el verbo "enchincharse". Pero tenía olvidado el adjetivo "chinchudo/a", que era lo que le estaba haciendo falta a los posts anteriores. Estoy chinchuda. Me hicieron enchinchar. Tengo una chinche bárbara.
miércoles, 6 de mayo de 2009
martes, 5 de mayo de 2009
Puteada
¿Dónde quedó la peleadora que era yo? La que se abrazaba a sus convicciones como a un salvavidas de granadas. La que no sentía necesidad de disimular nunca una cara de culo. La que se parecía a su abuelo gallego, gritón, puteador.
¿Está bueno extrañar a esa jodida que solía ser? No lo sé. Pero a veces miro a esta mina que huye del conflicto como de la peste, y no reconozco en ella a la niña de este blog.
Hoy me calenté con dos personas que "me colmaron la medida", expresión que según jose es muy deciamiabuelo, pero que para mí es lo más común del mundo. Me calenté y pataleé y conseguí mis objetivos, al menos los inmediatos. Y volví a sentir ese gustito a pelea y no me gustó. Pero tampoco me gusta el sabor a cobardía que me inunda la boca de un tiempo a esta parte; las puteadas llegan hasta los labios y vuelven, como las olas. Y me las trago. Y me está haciendo mal.
¡¡¡ME CAGO EN LA REPUTA MADRE QUE LOS REMIL PARIÓ, HIJOS DE UNA GRAN PUTA!!!
Así puteaba mi abuelo, con mucho retruco y falta envido.

